miércoles, 12 de noviembre de 2014

Heroína iqueña Catalina Buendía de Pecho envenenó al enemigo y pagó con su vida


redactor: Víctor Alvarado
El ejemplo de las heroínas de la Campaña de la Breña liderada por Cáceres, que terminó abruptamente con la derrota gloriosa de la Batalla de Huamachuco (10 de julio de 1883), a causa de la traición del general Miguel Iglesias y su mentor, el presidente Nicolás de Piérola, tuvo un epígono en los tramos finales de la ocupación chilena, en Catalina Buendía de Pecho, una mujer afroperuana protagonista de uno de los últimos focos de resistencia armada, que terminó con su fusilamiento.
Los invasores suscribieron el Tratado de Ancón del 20 de octubre de 1883, merced al entreguismo del general Miguel Iglesias, por el cual se apropiaban de Tarapacá y tomaban en rehenes a las provincias de Arica y Tacna, pero no se fueron inmediatamente del Perú, sino permanecieron en el país hasta 1884 con la finalidad de aplastar los focos de resistencia patriota que el general Cáceres pretendía activar y asegurarle a su cómplice, el llamado "presidente regenerador" Miguel Iglesias, un gobierno sin opositores armados.
Su inmolación tuvo lugar el 20 de noviembre de 1883, es decir un mes después de la firma del Tratado de Ancón, luego de haber sido derrotada en un combate contra las fuerzas militares de ocupación e desarrollado un parlamento con el vencedor, al que en señal de reconocimiento, le hizo un brindis de chicha envenenada, que causó estragos en las filas del invasor.
Resistencia en acción
Este capítulo ha sido escasamente desarrollado en nuestra historia sobre la guerra del guano y salitre –impropiamente llamada guerra del Pacífico- excepto por algunos iqueños, como Jaime Uribe Rocha(http://reportperu.wordpress.com/2011/11/17/heroina-de-ebano-de-la-guerra-con-chile-1879-1883) , gracias a cuya investigación se conoce sobre la breve vida y trayectoria de la heroína afroperuana.
La heroína estaba dedicada a la agricultura, particularmente a la producción de algodón, pallares y también por supuesto a complotar contra los invasores.
Pronto, luego de la derrota de Huamachuco, y ante los insistentes intentos de Cáceres para reactivar la resistencia, Catalina Buendía con sus propios recursos procedentes de su hogar formado con el agricultor José de la Rosa Pecho.
La heroína improvisó un ejército irregular y con armas improvisadas se dispuso esperar a los invasores que permanecían en el país con el propósito de "pacificarlo", como se había comprometido a hacerlo con el traidor "presidente regenerador Miguel Iglesias.
La resistencia antichilena era muy activa en Ica. Los hacendados lo habían hecho saber al aun "gobierno de ocupación", liderado por Iglesias y era inminente que las tropas de ocupación irrumpieran en Ica, como en efecto ocurrió.
La batalla
El 20 de noviembre de 1883, con el enemigo en suelo iqueño, Catalina Buendía de Pecho, con sus huestes se atrincheró en el cerro de Los Molinos. Los enemigos, con evidente superioridad numérica en armas y hombres, fueron a su encuentro Los invasores se habían impuesto la obligación de eliminar la resistencia iqueña que se había emplazado en el territorio de San José de los Molinos, un pueblo que se levanta hasta hoy al borde del río del mismo nombre, porque era el único paso para el ingreso a los pueblos andinos Los varones bajo su mando, evoca Uribe Roche, construyeron fortines y zanjas, mientras las mujeres colaboraban en armar sacos de arena para levantar improvisadas trincheras en lo que sería la línea principal de resistencia. Y no faltaba, el aporte de los niños, encargados del traslado de la refrescante "chicha de jora" que calmaría la abrazadora sed del mediodía.
Los pormenores de la batalla se desconocen y solo se sabe del colofón, los invasores diezmaron a los resistentes. Catalina se negaba a rendirse y consciente de la debacle, salió de las trincheras blandiendo una improvisada bandera blanca y gritó a sus atacantes "Queremos paz honrosa! ¡No más sangre!" La rendición El jefe de los invasores dio orden de detener el fuego y la convocó a acercarse hasta sus posiciones. Cuando Catalina lo tuve enfrente, le pidió aceptar una rendición honrosa: "No queremos un sacrificio inútil, queremos una paz honrosa y el respeto de la vida de nuestro pueblo".
Recuerda el historiador Jaime Uribe que el jefe de las tropas chilenas acogió sus palabras y le pidió que haga bajar a sus combatientes del cerro a rendirse, desde donde habían presentado batalla, y estos al llamado de Catalina, bajaron y se emplazaron frente al la posición del jefe de los invasores y cuando este los tuvo en su frente, exclamó "Chilenos, la fuerza es el derecho de los pueblos: la muerte, a lo que los pueblos débiles tienen derecho. Enseñad a esta gente cómo debieron conquistar el suyo".
Seguidamente, los fusiles de los invasores vomitaron fueron y arrasaron con los resistentes rendidos.
Prosigue Uribe: "Concluido el ataque a mansalva, el comandante chileno volvió a dirigirse a la enviada diciéndole:"Solo los emisarios de paz, tienen derecho a que se les respete la vida. Di si te rindes incondicionalmente", ante lo cual resignadamente, contestó: "Señor, tu poder es grande y cierto, error de vuestro pueblo fue osar desafiarte, lo que nos obliga a rendirte tributo y quiero que me permitas ofrecerte el mío".
Brindis mortal
Catalina Buendía, en un gesto atrevido, pidió al jefe invasor sellar este improvisado acuerdo de rendición de sus fuerzas con un brindis, ofreciéndole "una gorda limeta con la apreciada chicha de jora". Pero, el jefe invasor, advertido por experiencias anteriores de las tropas de ocupación, en que más de una vez fueron envenenados, le pidió que ella beba primero.
Catalina Buendía sabía que la bebida estaba envenenada con semillas de la fruta piñón y no dudó en hacer el brindis. Alzó la vasija y bebió hasta el último grumo de la chicha. El jefe invasor, convencido de que no era una trampa, hizo un brindis y más aún pasó el recipiente a sus acompañantes.
Pero luego se produjeron los estragos, el jefe chileno se desplomó entre estertores y la exclamación general de los invasores fue: "La chicha está envenenada". Todos los que habían bebido caían al piso en medio de convulsiones. Pero no solo ellos, Catalina Buendía, también rodó por los suelos.
Los invasores, enloquecidos por la trampa de que habían sido objeto, descargaron sobre ella sus fusiles, rematándola. 
El “piñón”

La chicha envenenada que Catalina Buendía de Pecho dio de beber al enemigo y que también se vio obligada a ingerir, fue elaborada con una fruta originaria del lugar llamada "Piñón", que hasta la fecha existe como planta silvestre en el distrito San José de los Molinos, distrito cerca a la "Bocatoma", lugar donde inicia la Achirana del Inca Pachacutec.

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